sábado, 29 de septiembre de 2012

Muerte, amiga mía.

(Historia basada en una señora que vi por ahí, no, no murió. Que yo mate a las personas en mis historias, es diferente.)


Cinco de la tarde. Siete ataditos en el bolsillo y la birra servida en el vaso. Fría y tentadora. Vaso sobre la mesa, solitario. El bar casi vacío, olvidado, viciado como ella, como todos los días.
Encorvada, con la mirada perdida hasta que alguien entra. Observa, se emociona, abre los ojos. Por un momento la alegría la invade.

No sé quién es, un desconocido, un alma viva más, quizá. Qué buena cerveza. Cigarrillo en mano... ya voy sintiendo que me hace falta.

Sale a la vereda, los autos pasan. Saca el celular del bolsillo escondido y marca... No atiende nadie. Nadie responde. Aprieta el cigarrillo que tiene en la mano derecha y expande sus ojos a un tamaño poco natural.
La gente pasa y la observa, su atuendo es raro. Súeter refulgente, calzas ceñidas al cuerpo y botas marrones con tacos de cinco centímetros. Ojos precisamente delineados y uñas exageradamente pintadas.

¿Por qué no atiende?¿Dónde está? Mejor vuelvo adentro, la cerveza me espera. Este cigarrillo lo disfrutaré más tarde. Una mesa, cuatro sillas, todo para mí sola. Que nadie quiera tocar una porque no tengo ganas de lastimar a nadie. Cerveza. Más gente, quizá entre ellos está él. No, más gente con vida. Y él sigue sin aparecer. Quizá este hombre me permita llamarlo.

Se para. Lentamente se acerca al joven de aparentemente 23 años y le pide el teléfono.Él la escucha, la mira también raro.

¿Acaso estaré mal peinada?...¿Qué será de él?¿Por qué no llega? Lo extraño. Entra más gente, grupo grande de gente. Parece bueno, agradable. Hacía tanto no veía algo similar. No me miran, pero creo que hablan de mí. Sí, seguramente me mencionan. Sólo porque hago lo que se me canta y aparento ser libre, ¿me miran diferente? ¿Sólo por eso?

Entra nuevamente, se sienta. Ve como la gente ésta tan buena se sienta y grita, y se divierte.
Cómo gritan. Ya los odio. Su bondad me molesta. Me irrita. Me recuerda a él. Y a mí, hace dos años, cuando él aún estaba junto a mí. Quizá ahora me atienda, intentaré llamarlo de nuevo.
Sale nuevamente. Me observa de a ratos, creo que le causa curiosidad verme escribir sobre ella. Marca otra vez...

No me atiende. ¿Qué le habrá pasado?¿Por qué se demorará tanto? 32 años. ¿Es mucho?¿Debería seguir esperando? Quizá mi madre tenga razón, quizá ya se fue. No. No. No, no. Me niego a creer eso, sólo tratan de alejarlo de mí, porque me envidian. Envidian mi historia con él, nuestro amor rebosante de pasión, que duró lo que una vida de una persona viva. Yo ya morí. Mi cuerpo no es más que un cuerpo sin vida, que se mueve para ir a esperarlo cada día al bar donde quedamos en encontrarnos hace unos pocos años. Su larga ausencia no es más que una demora prolongada...32 años... Ya llegará. Es la única esperanza que me mantiene aún con un atisbo de palpitos en el corazón, inundado de humo de tanto atado consumido, de tanto odio guardado. ¿Por qué odio? Quizá porque al principio sólo me molestaba su ausencia, pero con el tiempo creo que lo aprendí a odiar. Es raro lograr amar y odiar al mismo instante, no todas las almas tienen la posibilidad extrema de odiar y amar al mismo tiempo. ¿Por qué no viene? ¿Por qué no llegó a tiempo? 32 años... buscaré consuelo, no en la gente, que se ríe de mí al pasar, sino en este cigarro que cada vez amo más apasionadamente, que decora mis pulmones y mi alma, los envenena, acelera el proceso... Es él. Allá viene, el humo que acabo de expirar me nubla la vista, pero es él, lo puedo sentir. Vuelve a buscarme, a encontrarse conmigo, al fin. 32 años... Te extrañé tanto. Tantos años esperándote, y sigo estando igual de enamorada que entonces.
¿Adónde me llevás? ¿Por qué siento que mis venas se enfrían, que ya no hay más nada que recorra esas pequeñas calles de sangre? ¿Por qué siento que mi cuerpo baja su velocidad? ¿Qué les sucede a mis palpitos, que no los puedo escuchar más? Mi cigarro se cae, pero no me importa. Viniste. Tantos años te esperé, pero estaba segura de que vendrías. No me importa más nada, la muerte hoy es mi amiga, no es más que vida para mí, al fin abandono este cuerpo vacío, al fin viniste, amor mío.

lunes, 24 de septiembre de 2012

¿Qué es lo que más extrañas?
¿Hoy o todos los días?
Todos los días.
(A vos) Extraño la época en que no pensaba en más nadie que yo.
¿Ahora sí pensas en alguien entonces?
(En vos. Todo el tiempo.) Sí, de vez en cuando...
¿Y hoy?
¿Hoy qué?
¿Qué extrañás?
(Extraño tu voz, tu pelo, tu cara. Tus brazos, tu aliento. Tu mal humor. Extraño que me trates mal cuando digo que las manzanas son azules y el suelo es relativo. Extraño que me retes y me corrijas y que me pelees queriendo tener la razón eternamente. Extraño que nuestras discusiones terminen en que me grites que me creo perfecta y que soy completamente egocéntrica. Extraño tus reflexiones. Tus indirectas tan obvias y poco simuladas. Te extraño en todo tu totalidad, de la manera en que hacía tanto no extrañaba a alguien...) No, hoy creo que nada...
Que mal... ¿no?
No, no mucho. Che... te extraño.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Mi otra mitad.


¿Podrá ser que habiendo miles de millones de personas en el planeta tierra me sienta atraída a una persona del sexo opuesto idéntica a mí? Quizá sea que mi ego sea grande y me enamore de mi misma, quizás eras lo que estaba buscando: otro yo.  Y acá estás, cumpliendo las leyes de atracción, que dicen que los polos opuestos se atraen y los iguales se oponen. ¿Por qué tenía que ser así? ¿No podías ser acaso alguien más? Mi opuesto, simplificar esta matemática que me está comiendo la casi vacía mente. Vacía de vida porque ahora le hace falta la mitad. Corresponde a vos.  Sos la mitad de mi mente que me está abandonando para quedarse con vos. Te llevas mi alegría, mi necesidad de amor, mi sensibilidad y mis lágrimas, ya que está. Y bueno, está bien, quedo yo medio vacía. Pero, ¿acaso interesa? Si en algún momento podré completar nuevamente mi mente, me llevará un tiempo más. Todo el trabajo que me costó enamorarme de vos lo haré de nuevo pero para obtener  el resultado contrario. Aunque lo considero más complicado que enamorarse.  Tengo que borrar todas las relaciones establecidas entre vos y las canciones de amor, tu cara de las poesías, tus palabras de mis textos, tu piel de mi tacto, y tu ser de mi mitad de mente, que quedaste ocupándolo todo vos. Sos egoísta, igualito a mí. Y estaba segura que en algún momento me pasaría esto, todos dicen que todo vuelve… pero no supuse que sería tan pronto. Y bueno, digamos que ahora lo soportaré y pondré el pecho a las balas porque es algo que yo me habré  buscado en un pasado no muy lejano, con una persona no muy lejana, que hoy en día llora aún por mi culpa. Ahora es mi turno, lo sé y lo acepto.  No porque quiera, pongamos en claro que la redundancia es auto convencimiento ante un hecho del cual quiero convencerme que no debo pensar nuevamente más tarde. Debo aceptarlo, y contenta y sin sentimientos. Enfriar el corazón, y completar la mente… y seguir viviendo. Como si todo este embrollo nunca hubiera sucedido, como si no te hubiera querido nunca, como si nunca hubieras sido mi media naranja o mi otra mitad. Por supuesto que no, todo eso no existe… solo existen personas torpes que lo creen así, para tener un motivo por el cual vivir: completarse.
Así que, amor, retomando la redundancia, creo que no, nunca me enamoré de vos ni permitiré enamorarme nuevamente de mí.  Es una complicación que puede traer serios problemas de cabeza. Y no quiero que me duela mi media mente…

sábado, 15 de septiembre de 2012


Holly hundió la nariz en el suéter azul de algodón y un olor familiar la golpeó de inmediato: un abrumador desconsuelo le cerró el estómago y le partió el corazón. Le subió un hormigueo por el cogote y un nudo en la garganta amenazó con asfixiarla. Le entró el pánico. Aparte del leve murmullo del frigorífico y de los ocasionales gemidos de las tuberías, en la casa reinaba el silencio. Estaba sola. Tuvo una arcada de bilis y corrió al cuarto de baño, donde cayó de rodillas ante el retrete.
Gerry se había ido y jamás regresaría. Ésa era la realidad. Nunca volvería a acariciar la suavidad de su pelo, a intercambiar en secreto una broma con él durante una cena con amigos, a lloriquearle al llegar a casa tras una dura jornada en el trabajo porque necesitaba algo tan simple como un abrazo; nunca volvería a compartir la cama con él, ni la despertarían cada mañana sus ataques de estornudos, ni reiría con él hasta dolerle la barriga, nunca volverían a discutir sobre a quién le tocaba levantarse para apagar la luz del dormitorio. Lo único que le quedaba eran un puñado de recuerdos y una imagen de su rostro, que día tras día iba haciéndose más vaga.
Su plan había sido muy sencillo: pasar juntos el resto de sus vidas. Un plan que todo su círculo consideró de lo más factible. Nadie dudaba de que fueran grandes amigos, amantes y almas gemelas destinadas a estar juntas. Pero dio la casualidad de que un día el destino cambió de parecer.
El final había llegado demasiado pronto. Después de quejarse de una migraña durante varios días, Gerry se avino a seguir el consejo de Holly y fue a ver a su médico. Lo hizo un miércoles, aprovechando la hora del almuerzo. El médico pensó que el dolor de cabeza se debía al estrés o al cansancio y aventuró que en el peor de los casos quizá necesitase usar gafas. A Gerry no le gustó nada aquello. Le molestaba la idea de tener que usar gafas. No debería haberse preocupado, pues resultó que su problema no residía en los ojos, sino en el tumor que estaba creciendo en su cerebro.

P.S. I love you.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Quiero brillar por mi ausencia.

Creo.

Me gusta. Es mi amigo, creo. Me gusta mucho. Creo que lo quiero. Y no quiero quererlo.
Hoy lo ví a lo lejos, lo ví como ocho veces en total en varias personas. Ninguno resultó ser él. Creo que lo quiero.
Lo pensé mucho, apareció en mi mente. Y una canción que antes relacionaba con alguien a quien supongo que amé, hoy la relacioné con él. No sé por qué, pero me fastidió un poco eso. Igual me sacó una sonrisa pensarlo. Un par de lágrimas también. Creo que me gusta.
Pero no sé... aún no lo sé. Hay mucho en riesgo. ¿Qué pasa si me gusta? Es mi amigo, no quiero que me guste, no quiero quererlo más que a los demás. ¿Qué pasa si lo quiero, igualmente? Él no me quiere. Pierdo mi tiempo. Creo.
Igual me gusta. No sé. No quiero. No me gusta que me guste alguien a quien no le gusto. Pero me gusta. Y lo quiero. Pero no quiero quererlo más de lo necesario. Pero igual lo quiero. Y me gusta quererlo (aunque no quiera).