(Historia basada en una señora que vi por ahí, no, no murió. Que yo mate a las personas en mis historias, es diferente.)
Cinco de la tarde. Siete ataditos en el bolsillo y la birra servida en el vaso. Fría y tentadora. Vaso sobre la mesa, solitario. El bar casi vacío, olvidado, viciado como ella, como todos los días.
Encorvada, con la mirada perdida hasta que alguien entra. Observa, se emociona, abre los ojos. Por un momento la alegría la invade.
No sé quién es, un desconocido, un alma viva más, quizá. Qué buena cerveza. Cigarrillo en mano... ya voy sintiendo que me hace falta.
Sale a la vereda, los autos pasan. Saca el celular del bolsillo escondido y marca... No atiende nadie. Nadie responde. Aprieta el cigarrillo que tiene en la mano derecha y expande sus ojos a un tamaño poco natural.
La gente pasa y la observa, su atuendo es raro. Súeter refulgente, calzas ceñidas al cuerpo y botas marrones con tacos de cinco centímetros. Ojos precisamente delineados y uñas exageradamente pintadas.
¿Por qué no atiende?¿Dónde está? Mejor vuelvo adentro, la cerveza me espera. Este cigarrillo lo disfrutaré más tarde. Una mesa, cuatro sillas, todo para mí sola. Que nadie quiera tocar una porque no tengo ganas de lastimar a nadie. Cerveza. Más gente, quizá entre ellos está él. No, más gente con vida. Y él sigue sin aparecer. Quizá este hombre me permita llamarlo.
Se para. Lentamente se acerca al joven de aparentemente 23 años y le pide el teléfono.Él la escucha, la mira también raro.
¿Acaso estaré mal peinada?...¿Qué será de él?¿Por qué no llega? Lo extraño. Entra más gente, grupo grande de gente. Parece bueno, agradable. Hacía tanto no veía algo similar. No me miran, pero creo que hablan de mí. Sí, seguramente me mencionan. Sólo porque hago lo que se me canta y aparento ser libre, ¿me miran diferente? ¿Sólo por eso?
Entra nuevamente, se sienta. Ve como la gente ésta tan buena se sienta y grita, y se divierte.
Cómo gritan. Ya los odio. Su bondad me molesta. Me irrita. Me recuerda a él. Y a mí, hace dos años, cuando él aún estaba junto a mí. Quizá ahora me atienda, intentaré llamarlo de nuevo.
Sale nuevamente. Me observa de a ratos, creo que le causa curiosidad verme escribir sobre ella. Marca otra vez...
No me atiende. ¿Qué le habrá pasado?¿Por qué se demorará tanto? 32 años. ¿Es mucho?¿Debería seguir esperando? Quizá mi madre tenga razón, quizá ya se fue. No. No. No, no. Me niego a creer eso, sólo tratan de alejarlo de mí, porque me envidian. Envidian mi historia con él, nuestro amor rebosante de pasión, que duró lo que una vida de una persona viva. Yo ya morí. Mi cuerpo no es más que un cuerpo sin vida, que se mueve para ir a esperarlo cada día al bar donde quedamos en encontrarnos hace unos pocos años. Su larga ausencia no es más que una demora prolongada...32 años... Ya llegará. Es la única esperanza que me mantiene aún con un atisbo de palpitos en el corazón, inundado de humo de tanto atado consumido, de tanto odio guardado. ¿Por qué odio? Quizá porque al principio sólo me molestaba su ausencia, pero con el tiempo creo que lo aprendí a odiar. Es raro lograr amar y odiar al mismo instante, no todas las almas tienen la posibilidad extrema de odiar y amar al mismo tiempo. ¿Por qué no viene? ¿Por qué no llegó a tiempo? 32 años... buscaré consuelo, no en la gente, que se ríe de mí al pasar, sino en este cigarro que cada vez amo más apasionadamente, que decora mis pulmones y mi alma, los envenena, acelera el proceso... Es él. Allá viene, el humo que acabo de expirar me nubla la vista, pero es él, lo puedo sentir. Vuelve a buscarme, a encontrarse conmigo, al fin. 32 años... Te extrañé tanto. Tantos años esperándote, y sigo estando igual de enamorada que entonces.
¿Adónde me llevás? ¿Por qué siento que mis venas se enfrían, que ya no hay más nada que recorra esas pequeñas calles de sangre? ¿Por qué siento que mi cuerpo baja su velocidad? ¿Qué les sucede a mis palpitos, que no los puedo escuchar más? Mi cigarro se cae, pero no me importa. Viniste. Tantos años te esperé, pero estaba segura de que vendrías. No me importa más nada, la muerte hoy es mi amiga, no es más que vida para mí, al fin abandono este cuerpo vacío, al fin viniste, amor mío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario