viernes, 21 de septiembre de 2012

Mi otra mitad.


¿Podrá ser que habiendo miles de millones de personas en el planeta tierra me sienta atraída a una persona del sexo opuesto idéntica a mí? Quizá sea que mi ego sea grande y me enamore de mi misma, quizás eras lo que estaba buscando: otro yo.  Y acá estás, cumpliendo las leyes de atracción, que dicen que los polos opuestos se atraen y los iguales se oponen. ¿Por qué tenía que ser así? ¿No podías ser acaso alguien más? Mi opuesto, simplificar esta matemática que me está comiendo la casi vacía mente. Vacía de vida porque ahora le hace falta la mitad. Corresponde a vos.  Sos la mitad de mi mente que me está abandonando para quedarse con vos. Te llevas mi alegría, mi necesidad de amor, mi sensibilidad y mis lágrimas, ya que está. Y bueno, está bien, quedo yo medio vacía. Pero, ¿acaso interesa? Si en algún momento podré completar nuevamente mi mente, me llevará un tiempo más. Todo el trabajo que me costó enamorarme de vos lo haré de nuevo pero para obtener  el resultado contrario. Aunque lo considero más complicado que enamorarse.  Tengo que borrar todas las relaciones establecidas entre vos y las canciones de amor, tu cara de las poesías, tus palabras de mis textos, tu piel de mi tacto, y tu ser de mi mitad de mente, que quedaste ocupándolo todo vos. Sos egoísta, igualito a mí. Y estaba segura que en algún momento me pasaría esto, todos dicen que todo vuelve… pero no supuse que sería tan pronto. Y bueno, digamos que ahora lo soportaré y pondré el pecho a las balas porque es algo que yo me habré  buscado en un pasado no muy lejano, con una persona no muy lejana, que hoy en día llora aún por mi culpa. Ahora es mi turno, lo sé y lo acepto.  No porque quiera, pongamos en claro que la redundancia es auto convencimiento ante un hecho del cual quiero convencerme que no debo pensar nuevamente más tarde. Debo aceptarlo, y contenta y sin sentimientos. Enfriar el corazón, y completar la mente… y seguir viviendo. Como si todo este embrollo nunca hubiera sucedido, como si no te hubiera querido nunca, como si nunca hubieras sido mi media naranja o mi otra mitad. Por supuesto que no, todo eso no existe… solo existen personas torpes que lo creen así, para tener un motivo por el cual vivir: completarse.
Así que, amor, retomando la redundancia, creo que no, nunca me enamoré de vos ni permitiré enamorarme nuevamente de mí.  Es una complicación que puede traer serios problemas de cabeza. Y no quiero que me duela mi media mente…

No hay comentarios:

Publicar un comentario