No sabría decirte por qué me gustaste la segunda vez que te vi. No me gustaste la primera y la siguiente tampoco mucho. Pero ¿por qué a partir de la tercera vez no me acuerdo más nada de ese día aparte de vos? Sí, tal vez le pedí a Dios quererte, pero Dios, ¡revertí esta situación! Creo que me equivoqué en quererte, y ya no te quiero. Siempre me pasa lo mismo, que no te quiero, que te quiero a la fuerza, que después te quiero y no te quiero más, mientras te sigo queriendo más que nunca. Pero ¿por qué? Si no te conozco, sólo lo esencial como para quererte y te conozco demasiado como para que no me caigas del todo bien, para soportar tu manera pesada y molesta de ser, tu arrogancia, tu calentura con todas las mujeres que te hablan. ¿Por qué me gustas? Sólo por algo, un pequeño detalle que para mí era el mayor y más importante aspecto de tu vida. Pero parece que no es en serio, parece que fuera mentira, parece que no se puede encontrar por la Tierra gente con el pensamiento fuerte y convencido. Y eso me molesta porque ahora te quiero, pero ¿para qué? El último número que pensás marcar es el mío, si es que siquiera lo pensás, si me hablás es para pedirme un favor, si es que siquiera me hablás, cualquier canción te hacer acordar a alguien más, no a mí. De lo único que sabés hablar es sobre vos, nada más. Pensé que nadie más era tan egoísta como yo, pero bueno, se ve que me he equivocado. He aquí la clara demostración de que todo es posible.
Basta de catarsisismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario