Mi vida en ese entonces se resumía en dos palabras: felicidad y fracasos. Yo también me preguntaba hace un tiempo, por qué relacionar palabras tan contrarias, y me respondí a su vez, que en verdad, tienen mucha relación. Soy de las que consideran que los fracasos conducen a algo mejor, en este caso a la felicidad misma, porque ganar siempre sólo te permite ver que sos bueno y oculta tus errores, en cambio al perder uno puede visualizar lo bueno y lo malo de la situación, y de uno mismo, también. Por eso, me gusta asociar la felicidad a mis fracasos, que al mismo tiempo los considero como triunfos.
domingo, 27 de enero de 2013
jueves, 27 de diciembre de 2012
Involuntariamente
El juego es así: cuando te mire, me vas a mirar. Cuando me
mires, voy a forzar una sonrisa pero voy a estar feliz aunque la esté forzando,
y vos me vas a sonreír con toda tu cara y vas a suspirar con ganas de reír. Que
vos sonrías y tengas ganas de reír, me va a hacer sentir feliz a mí también y
mi sonrisa no va a ser necesariamente forzada, sino que va a querer salir de mí
involuntariamente.
Así que te miré, y sonreíste y pasó todo tal cual lo decía
el juego. Y yo ahora estoy feliz.
Me acuerdo cuando te conocí. Antes de conocerte en serio ya
te quería. Te había saludado un par de veces cuando te cruzaba con los amigos
que compartimos, y siempre sonreía después de verte. Sos uno de los pocos que
me hace sonreír tan fácilmente. También admito que cuando nos conocimos en
serio, no nos llevamos de la mejor manera.
Peleábamos todo el tiempo, creo que nos llegamos a odiar, o estoy
exagerando, puede ser, pero no nos queríamos lo suficiente, o nos queríamos
demasiado como para llevarnos bien. Tal
como conseguías que sonría, me hacías llorar y enojar también. Y no muchos
lograron hacerme llorar. Soy una persona dura, después de todo lo que la vida
me enseñó no se me da muy fácil eso de llorar por las personas. Soy soberbia,
egocéntrica, engreída, y vos me lo dijiste y lloré mucho porque llevabas la
verdad, nene. Después de eso cambié. Busqué dentro de mí un atisbo de humildad,
un foquito de amabilidad, algo bueno y no encontré, así que lo produje yo
misma. Y admito, con la soberbia de sombrero al decir esto, que encontré esa
humildad que me faltaba, supe equilibrarme después de varios desequilibrios
intermedios. Cada vez que hablaba con vos evitaba hablar de mí, y te preguntaba sobre tus cosas y eso, y vos
hablabas y hablabas de vos sin parar y nunca me preguntabas por mí. Y entonces
yo pensé que acá la soberbia residía en vos, no en mí. Y después lo supe: el
pecado habitaba en ambos. Por supuesto
que yo te dejé con tu soberbia y escondí la mía de vos, para que me
quisieras. Y no lo logré, no me quisiste
de verdad. Así que decidí alejarme. Y lo
logré, sí que lo hice. Y después volviste. Y después me quisiste, y tarde,
nene. Igualmente te di una oportunidad y
con mucha piedad, te continué queriendo (involuntariamente, como mi sonrisa)
pero no te miré, y te traté como a los demás (nunca traté a alguien tan bien y
con tanto cariño) y bueno, nos quisimos.
Nunca supe por qué me gustas. Yo tenía un amor antes, por el
cual conocí el significado de obsesión. Él me gustaba muchísimo. Eso terminó
hace mucho y después el único “hombre” (nene) que quise tanto como a él (pero sanamente) fuiste vos. Pero no sé por qué. O por lo menos no lo había
notado hasta hoy.
Mi obsesión antes me miraba fijamente cuando yo me enojaba.
Yo lo miraba y pronto, sin poder mantener su mirada fija en mis ojos furiosos,
desviaba la mirada. Me pasaba sólo con él. Y después cuando nuestros caminos
tomaron rumbos diferentes, nadie notó esa característica de mis ojos. Nadie
hasta hoy, que lo notaste vos, chiquito. Me hiciste enojar como siempre, pero
esta vez te quedaste mirándome. Y yo te miré, y después no pude sostenerte la
mirada. Así que miré el cielo, miré el pasto y te miré de nuevo. Y sonreías (y
qué pocas ganas tuve en ese momento de comerte la boca) y yo seguía enojada y
mi mirada volaba de nuevo. Entonces lo dijiste, “cuando estás enojada no me
podes mirar fijamente”. Y yo me asusté. Y no comprendía. Y después te observé
en silencio… y simplemente sonreí. Y ahí es cuando me di cuenta por qué me
gustas. Esos pequeños detalles son los que me enamoraron (e hicieron antojarme
de tus labios) y por los cuales hoy juego con vos el juego de miradas y
sonrisas. Y me gusta tanto y sé que te gusta tanto y me gusta que te guste. Y
que estemos felices, me gusta más y me da más felicidad todavía. Y eso hace que
mi sonrisa se agrande y sea permanente. Y eso hace que mi sonrisa salga de mí
involuntariamente.
It's about
estaba inspirada,
flasheos míos,
un poco de ficcion
viernes, 7 de diciembre de 2012
Para el actor.
A diario veo cosas. Gente caminando, gente moviéndose, objetos, animales, insectos, flores.
En la gente veo expresiones. Actitudes propias, formas de caminar, de mirar, de escuchar, de amar.
En teatro aprendí a observar. Imitar, tomar de los demás actitudes para mis personajes. Aprender a sentirme alguien más que yo misma. Alguien diferente a mí.
A diario escucho música. Sonidos que se unen armónicamente en una melodía. Sonidos que difieren del resto de los sonidos. Canciones, voces, palabras, instrumentos.
En canto aprendí a entender las letras. A sentir la música. A amar los sonidos. A respirar. Aprendí a cantar, pero más que nada a sentir realmente lo que digo. A cantar con un motivo, con una finalidad, no porque sí.
A diario me muevo. Corro, camino, me siento, me agacho, me paro, me acuesto. La gente se mueve; más rápido, más lento, manteniendo un ritmo, acelerándose, se mueve. Los observo, los escucho, siento en mi interior el ritmo en todo.
En danza aprendí el significado del movimiento. Conocí la delicadeza y el cansancio, aprendí a comunicar a través del movimiento. Aprendí que cada movimiento es preciso, que cada parte del cuerpo habla, comunica, tiene energía, transmite.
La comedia musical cuenta una historia a través de todo. Combinar actuación danza y canto en un mismo escenario; transmitir sentimientos, emociones, ideas a través de voces, pasos y gestos; todo en pos de un mismo objetivo: dar amor. Hacer teatro es dar amor. ¿A quién? A nuestro cuerpo. Al escenario.A los compañeros que conocemos al trabajar. Al público.
Mientras haya una sola persona que quiera vernos y escucharnos, el teatro estará vivo.
Mientras haya una sola persona que sonría ante nuestra imagen, todo el sacrificio, el dolor, el llanto, el esfuerzo, habrá valido la pena.
Mientras quede una persona en este mundo que sienta gracias a nosotros, nuestro trabajo no será un mero trabajo.
Mientras quede una sola persona en el mundo que desee ver una puesta, habrá teatro.
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| Yo, por suerte, encontré amigos. |
El trabajo del artista no es fácil. El del actor, más precisamente, no lo es. No siempre pagan, no siempre es bien recibido, es relativo para quien lo mire. Los compañeros de trabajo no siempre son los mejores, y algunas veces allí conocemos a nuestros amigos más cercanos...no siempre sale bien, no es perfecto ni preciso. Es temporal, irregular. Pero la satisfacción al subirse a un escenario, al decir una línea, al dar un paso en una coreografía, al hacer escuchar nuestra voz, al oír los aplausos...es una paga mucho mayor que cualquier otra, un regalo irremplazable. El teatro es dar y recibir amor.
It's about
2012,
fotos significativas
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