viernes, 7 de diciembre de 2012

Para el actor.

A diario veo cosas. Gente caminando, gente moviéndose, objetos, animales, insectos, flores. 
En la gente veo expresiones. Actitudes propias, formas de caminar, de mirar, de escuchar, de amar. 
En teatro aprendí a observar. Imitar, tomar de los demás actitudes para mis personajes. Aprender a sentirme alguien más que yo misma. Alguien diferente a mí. 
A diario escucho música. Sonidos que se unen armónicamente en una melodía. Sonidos que difieren del resto de los sonidos. Canciones, voces, palabras, instrumentos.
En canto aprendí a entender las letras. A sentir la música. A amar los sonidos. A respirar. Aprendí a cantar, pero más que nada a sentir realmente lo que digo. A cantar con un motivo, con una finalidad, no porque sí. 
A  diario me muevo. Corro, camino, me siento, me agacho, me paro, me acuesto. La gente se mueve; más rápido, más lento, manteniendo un ritmo, acelerándose, se mueve. Los observo, los escucho, siento en mi interior el ritmo en todo.
En danza aprendí el significado del movimiento. Conocí la delicadeza y el cansancio, aprendí a comunicar a través del movimiento. Aprendí que cada movimiento es preciso, que cada parte del cuerpo habla, comunica, tiene energía, transmite.

La comedia musical cuenta una historia a través de todo. Combinar actuación danza y canto en un mismo escenario; transmitir sentimientos, emociones, ideas a través de voces, pasos y gestos; todo en pos de un mismo objetivo: dar amor. Hacer teatro es dar amor. ¿A quién? A nuestro cuerpo. Al escenario.A los compañeros que conocemos al trabajar. Al público. 
Mientras haya una sola persona que quiera vernos y escucharnos, el teatro estará vivo.
Mientras haya una sola persona que sonría ante nuestra imagen, todo el sacrificio, el dolor, el llanto, el esfuerzo, habrá valido la pena. 
Mientras quede una persona en este mundo que sienta gracias a nosotros, nuestro trabajo no será un mero trabajo. 
Mientras quede una sola persona en el mundo que desee ver una puesta, habrá teatro.
Yo, por suerte, encontré amigos.
El trabajo del artista no es fácil. El del actor, más precisamente, no lo es. No siempre pagan, no siempre es bien recibido, es relativo para quien lo mire. Los compañeros de trabajo no siempre son los mejores, y algunas veces allí conocemos a nuestros amigos más cercanos...no siempre sale bien, no es perfecto ni preciso. Es temporal, irregular. Pero la satisfacción al subirse a un escenario, al decir una línea, al dar un paso en una coreografía, al hacer escuchar nuestra voz, al oír los aplausos...es una paga mucho mayor que cualquier otra, un regalo irremplazable. El teatro es dar y recibir amor.



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