Hermano del alma:
Me dirijo a ti. No sé por qué, aunque sí, pero lo dudo aún.
Te escribo para comentarte sobre los recientes hechos que desembocaron en tal accidente.
Era febrero, el calor me sofocaba y mi mente no podía hacer más nada que pensar en bailar, tomar sol, estar en la pileta, y no pensar. Era verano, decidí conectarme al facebook y, como si fuera algo completamente natural, te agregué como amigo. Al poco tiempo de conocernos vía virtual, decidimos vernos personalmente para confirmar nuestra casual buena onda. Nos hicimos hermanos del corazón, buenos amigos, conocidos de siempre...Chateábamos hasta tarde, desempolvando recuerdos, los tuyos ajenos a mí, y los míos a vos. Resolvimos problemas, lloramos juntos y nos aconsejamos sobre pavadas amorosas.
El día que nos vimos nuevamente no hicieron falta más que un par de cervezas y buena música para terminar caminando en el parque que en unos minutos sería el escenario perfecto para la batalla que se disputaría entre nuestros labios, una pelea acalorada, que terminaría en el accidente por el cual hoy escribo arrepentida.
Creo que me enamoré de vos, hermano. Fue un accidente en serio, lo prometo. Pero ahora no sé, te fuiste lejos y aseguraste no volver hasta dentro de un largo tiempo, porque sé que te enamoraste también. Y te duele, porque tu alma no resiste amor fuerte y real. Y te fuiste y me dejaste acá, amándote, me dejaste pensando en este supuesto accidente totalmente predecible, desde el día que nos conocimos, obvio desde el día que nos besamos, incluso desde que nacimos, supimos que esto sucedería algún día.
Te extraño, ¿sabías? Me gustaría mucho que volvieses y que hablemos... y compartamos sueños... un futuro...
Pero es imposible, lo sé. Ambos nos debemos convencer de ello y ya sé que vos lo hiciste, hermano mío. Yo pronto lo haré, vida mía, luego de esta pequeña carta, esta pequeña despedida que más que para vos es para mí. Sacaré tu presencia de mí después de convencerme de que enamorarse de una persona incorrecta o en el momento inoportuno es un accidente, mera coincidencia irreparable del destino que escribimos cada uno, una más de las tantas tragedias y burlas de la vida misma. De a poco me iré convenciendo de que no te conozco, y de que quizá, sólo quizá fuiste un producto de mi imaginación, un delirio fantástico, una alucinación perfecta causada por el calor despiadado y atolondrado de febrero. Sí, quizá fuiste sólo eso, y fue un accidente, yo no quise que sucediera. Aún así, seas realidad o locura, me despediré de vos habiendo finalizado de rehacer nuestra patética e imaginaria cursillería amorosa, convenciéndome cada segundo más sobre -como he dicho varias veces- de que el amor es un accidente inevitable, de que el amor es triste en algunos casos.
Aún así, a pesar de que no esté plenamente segura de tu existencia en carne y hueso y mente, te quería recordar, antes de olvidarte por completo, que, aunque lo dudo bastante como para estar segura de que no es tan incierto, a pesar de ser vos transparente y un recuerdo borroso de una vida pasada, aún así te amo.

Sos una genia Jimena <3
ResponderEliminar