Mi vida en ese entonces se resumía en dos palabras: felicidad y fracasos. Yo también me preguntaba hace un tiempo, por qué relacionar palabras tan contrarias, y me respondí a su vez, que en verdad, tienen mucha relación. Soy de las que consideran que los fracasos conducen a algo mejor, en este caso a la felicidad misma, porque ganar siempre sólo te permite ver que sos bueno y oculta tus errores, en cambio al perder uno puede visualizar lo bueno y lo malo de la situación, y de uno mismo, también. Por eso, me gusta asociar la felicidad a mis fracasos, que al mismo tiempo los considero como triunfos.